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Dana Paola no ve problemas, ve soluciones.

Lo mismo dentro de su casa, donde lava trastes, trapea y dobla la ropa, lo mismo en la escuela, donde ayuda a la maestra a acomodar los bancos, e incluso con la sicóloga, a quien le da opciones ante alguna disyuntiva. Al cumplirse tres años de la tragedia que enlutó a 49 familias tras la muerte del mismo número de niños en la guardería ABC, la lucha continúa para los menores sobrevivientes, los cuales suman De tener quemaduras en el 70 por ciento de su cuerpo y daño cerebral, en tres años Dana Paola aprendió nuevamente a moverse, a hablar y recientemente a caminar sola, correr y bailar.


Pero los cambios van más allá, la niña que evitaba tumultos, las fiestas y miradas curiosas ante su apariencia, se ha convertido en una niña extrovertida que ignora a quien la mira raro. Sin importarle que tiene un solo pulgar en ambas manos, no pide ni acepta ayuda. "En todo quiere ayudar, a lavar los trastes, a trapear, dobla la ropa, en la escuela también le ayuda a la maestra", relata su madre, Marisol Montaño. "Ha tenido mucho avance. Todo quiere hacer sola. Si algo se le dificulta siempre quiere ver por dónde hacerle. La maestra me dice que no la deja abrir el yogurt. Quiere ser ella independiente. No le gusta que le ayuden mucho".

Apenas en noviembre pasado dejó de apoyarse al caminar, mes en que debió ir a Sacramento, California, para cirugías en la nariz y en el rostro, una en la mano derecha y otra más en la izquierda para darle mayor movilidad y fuerza. Por este año, Dana Paola descansará de las cirugías, pero en septiembre le harán una evaluación para continuar con las operaciones que seguirán hasta que finalice su adolescencia. César, en ese entonces de 3 años, es otro de los menores que han superado la tragedia. Hoy conserva la sonrisa que tenía de bebé, le gusta conversar casi tanto como brincar en la cama, brincar en el suelo, jugar basquetbol en la escuela y practicarlo en casa. "Es muy alegre, siempre ha sido así desde chiquito, siempre muy sonriente y activo", cuenta su mamá, Fabiola Lucero.

Su carácter le ayudó a sobrepasar tres meses en el hospital de Guadalajara tras el incendio que le quemó brazos, piernas, espalda y el cuero cabelludo de la nuca, lesiones que lo han llevado tres años consecutivos a cirugías en California. "El año pasado nos fuimos cuatro meses, salimos el 9 de junio y regresamos hasta septiembre, le pusieron expansores en la cabeza, una cirugía larga, él tenía un injerto, un espacio donde no tenía pelo, le pusieron tres expansores, cada semana lo iban inyectando con un líquido, se iba inflando la piel, para ir estirando el cuero cabelludo", relata su mamá. "Cada semana era de sufrimiento para él", dice Julio César Díaz, "cuando tenían que inyectarle, le poníamos lidocaína para que se le durmiera un poco la piel, cada semana lloraba, a veces teníamos que agarrarlo a la fuerza".

Aunque se ve valiente, César sabe que ingresará de nuevo al quirófano, que vendrán días de dolor, mareos, cama y lo que más teme: que le pongan suero por la vena. Entre las preguntas difíciles que hace César a sus padres está el cuándo se le quitarán las cicatrices de sus brazos y el por qué no acudieron cuando él les llamaba en medio del incendio aquel 5 de junio. "Le dijo a un sicólogo y sí nos lo dijo después, que por qué, si nos había gritado mucho, no habíamos pasado por él, entonces sí, te quedas tú... y no sabes ni qué contestar", dice su padre.

El incendio de la guardería ABC le quitó la vida a 49 niños y dejó a 17 de ellos lesionados con distintos grados de quemaduras en el cuerpo, lesiones por las que deberán someterse a cirugías por lo menos una vez al año hasta su mayoría de edad. También existen 48 niños considerados "expuestos", quienes sin tener lesiones externas, han tenido algún tipo de daño en sus pulmones por respirar humo tóxico durante el incendio.

 

El Norte, 5 de junio 2012.